19 septiembre 2012

EL ALMA DEL DISLEXICO


P. ¿Por qué escribir sobre la dislexia?
R. Indudablemente, por causalidad. Como terapeuta
natural, llevaba un año y medio colaborando con el
centro «La Llave del Don» (especializado en trastornos
del aprendizaje) cuando la citada «causalidad», en
forma de paciente con problemas de depresión, me
llevó a una catarsis —sin precedentes en mi vida—,
gracias a la cual comprendí que yo era disléxico aunque
no lo sabía. Además quedaron radicalmente esclarecidos
todos los puntos negros de mi vida. Es decir,
todo aquello —bueno o malo— que nos ocurre
pero que no comprendemos el porqué. Dicho estado
me llevó a intentar escribir un par de artículos dirigidos
a los padres de niños disléxicos. Al finalizarlos y
ver el descomunal tamaño de ambos, fue cuando
comprendí que acababa de comenzar un libro. Idea
que jamás se cruzó por mi mente.
P. La dislexia es un padecimiento bastante
desconocido. ¿Cuál es su verdadera importancia
estadísticamente hablando?
R. Las estadísticas oficiales internacionales lo sitúan
entre el 10% y el 12% de la población. Según mi
experiencia clínica de estos últimos siete años, yo la
elevaría en torno al 20%. Esto significa que, si la dislexia
fuera una enfermedad, estaríamos hablando de
una pandemia de magnitudes bíblicas.
P. ¿La dislexia no es una enfermedad?
R. Todos los especialistas la consideran como tal, a
pesar de que no figura en ninguno de los manuales
diagnósticos de enfermedades. Digamos que es «una
enfermedad fantasma». No obstante, sí existe una
clara dificultad lecto-escritora —en algunos niños
enedad escolar—, que puede mantenerse hasta la
edad adulta. Pero los síntomas no son necesariamente
los señaladores de una enfermedad. Y, por supuesto,
hay que atenderlos.
P. En su libro compara la dislexia con el mal
de altura. ¿Por qué?
R. Porque el mal de altura es un conjunto de síntomas
—en ocasiones muy graves— que sufren algunas
personas que suben bruscamente a una altitud a la que
su cuerpo no está acostumbrado, por lo cual se descompensa.
De igual forma, las personas que tenemos
«La Constitución Simbólica» nos descompensamos
a veces en el colegio de niños y de adultos cuando estamos
sometidos a un fuerte estrés. A los síntomas que
mostramos se les llama «Dislexia».
P. ¿Cómo podemos diagnosticar la Dislexia?
R. En el mercado existen diferentes tests con este
objetivo. De todas formas, yo he creado uno propio,
no tanto con la intención del diagnóstico, sino más
bien con el deseo de descubrir y medir todas las potencialidades
y fragilidades de las personas que tenemos
«La Constitución Simbólica».
P. ¿La Constitución Simbólica es el Alma
del disléxico?
R. Sin duda, ya que ella aglutina su especial sensibilidad,
su forma de ver y sentir el mundo, sus potencialidades
innatas, sus debilidades cuando se descompensa
y, en esencia, su Ser interior.
P. ¿Por qué «El Alma del Disléxico», en vez de
«Tratado Completo sobre la Dislexia» o «Dislexia,
la enfermedad fantasma», por ejemplo?
R. Porque como disléxico que soy, lo que siempre he
echado en falta en todo tipo de publicaciones científicas
es eso: el Alma, la naturaleza, la esencia íntima
del Ser, la verdadera y única Realidad. Más allá de la
neurología y de la genética, hay un Ser Humano que
sufre y, sobre todo, que sufre de incomprensión porque
todos miran sus síntomas, pero nadie conoce ni
comprende su singular naturaleza, su Alma.
P. Tras las penurias escolares que narra de su
infancia, ¿qué siente ahora al ver editado su
libro?
R. Personalmente, orgullo; profesionalmente, felicidadya
que pienso que el objetivo ha sido alcanzado;
e íntimamente, melancolía por no poder compartir
este logro con las personas que más cerca de mí padecieron
mis constantes fracasos escolares: mis padres.
P. Teniendo en cuenta que la dislexia es una
inhabilidad lecto-escritora, para un disléxico
debe ser el máximo de los retos escribir un
libro, ¿no?
R. Sin lugar a dudas, de los seis años de trabajo que
me ha ocupado la realización del libro, los dos últimos
han sido de autocorrecciones gramaticales, sintácticas
y, sobre todo, ortográficas. Literalmente, he tenido que
enfrentarme cara a cara con mis peores y más temidos
demonios del pasado. Ha sido una experiencia
dura, abrupta y absolutamente catártica; pero también
completamente necesaria, liberadora y reveladora.
P. ¿El disléxico nace o se hace?
R. Todas las personas pertenecientes a la «Constitución
Simbólica» pueden potencialmente sufrir los
síntomas disléxicos si el estrés escolar es muy intenso,
en cambio; algunos de ellos no sólo no tendrán los síntomas,
sino que probablemente sean los primeros de
su clase, además de unos excelentes lectores y escritores.
Dicho de otra manera, la «Constitución Simbólica
posibilidad de padecer dislexia. Este hecho
explica el porqué de que no pocos disléxicos hayan
sido considerados como genios o simplemente personas
exitosas.
P. ¿Se puede superar la Dislexia?
R. Sí, por supuesto. Muchas personas lo han hecho
sin siquiera saber que eran disléxicos, como fue mi
caso. He visto a niños que tan sólo por cambiar de colegio
han experimentado una remisión total de los síntomas;
aunque a otros les ha requerido más tiempo y
apoyo profesional.
P. ¿Qué tienen de mito y de realidad las tan
laureadas virtudes de las medicinas naturales?
R. Hoy por hoy, en occidente las medicinas naturales
son un inmenso cajón de sastre que aglutina una gran
variedad de filosofías, doctrinas médicas, técnicas,
culturas y experiencias, tanto occidentales como orientales,
ancestrales como modernas. Por poner un ejemplo,
la Medicina Ortomolecular, la Homotoxicología
y la Neuralterapia se encuentran en las antípodas del
Reiki, de la Energía Universal y de la Sanación, entre
otras. En mi opinión, todo aquello que cure, alivie o
mejore la salud es susceptible de ser utilizado.
P. ¿No pueden ser los resultados fruto del
efecto placebo?
R. Como dice una amiga y profesora mía, «si el pacientese
alivia o cura gracias al efecto placebo, ¡bendito
efecto placebo!» No obstante, se sabe científicamente
que el citado efecto tiene aproximadamente una
capacidad de sugestión limitada al 34% de los pacientes
con problemas físicos y al 50% de los pacientes
con problemas mentales. La efectividad
grosso modo de las medicinas naturales es muy superior
a dichos valores, por lo cual, y pese a quien le
pese, sus resultados no se justifican por dicho efecto.
P. Estadísticamente hablando, ¿en cuántos
casos ha visto mejoría de los síntomas disléxicos?
R. Tanto por mis experiencias en la consulta como por
las que también ha tenido el referido centro «La Llave
del Don», todos los pacientes que han asistido regularmente
a dichas consultas y han asumido el tratamiento
han experimentado mejorías rápidas o tórpidas
según los casos individuales, pero siempre reales
y progresivas.
P. ¿Suele haber recaídas?
R. Normalmente, no. Sólo ante un problema emocional
fuerte hay recaídas parciales, y su duración dependerá
exclusivamente de su severidad.
P. ¿Cuál es la mayor dificultad o peligro al
que se enfrentan los disléxicos?
R. Hay problemas sociales severos. Por ejemplo, me
he encontrado disléxicos adultos que no saben leer ni
escribir porque fue una experiencia infantil tan traumática
que la abandonaron en cuanto les fue posible.
La mayor dificultad es la incomprensión escolar. Son
niños tan sensibles, curiosos y creativos que requieren
mayor atención por parte del profesorado y, sobre
todo, estar inmersos en un ambiente humanista. Cor
ren un peligro real del cual deben protegerse: creer se
que son tontos. Muchos niños sienten que bajo la etiqueta
diagnóstica de «disléxico» se esconde: «este
niño es tonto y no vale para nada». Conozco a muchos
disléxicos, como yo mismo, que hemos vivido durante
demasiados años con ese cartel colgando de
nuestra frente. El verdadero peligro es creérselo.
P. ¿Tienen las personas adultas de «Constitución
Simbólica» el mismo comportamiento
que las «normales»?
R. Los psicólogos saben bien que el concepto de
«normalidad» sólo se puede aplicar a objetos o tal
vez a animales, pero jamás a los Seres Humanos.
Los genetistas dicen que no existe, jamás ha existido
ni existirá ninguna persona exactamente igual a uno
mismo. Así que la mejor manera de equivocarse es
comparar. No obstante, las personas que tenemos
esta Constitución compartimos las características
típicas de los artistas y de los científicos: Toda una
paradoja.
P. ¿Cuál es la terapia que mejor puede ayudara
estas personas?
R. La comprensión profunda y sincera de su Alma. Un
observador que se paseara por el Zoológico diría que
los tigres son Hiperactivos —danto vueltas en el interior
de la jaula todo el día—, que los hipopótamos
tienen un Trastorno Bipolar —o a remojo o tomando
el Sol—, y que las serpientes tienen un Trastorno
Obsesivo Compulsivo —siempre quietas, enrolladas
en sí mismas...—
P. ¿Por qué los disléxicos adultos tienen
tantas depresiones ?
R. La mayor parte de las depresiones esconden una
crisis de sentido. Si el disléxico adulto no ha descubierto
aún su singular naturaleza, obviamente sufrirá
por no encontrar un lugar en la sociedad. Con el
tiempo, y de forma irremisible, llegará a la depresión,
a no ser que descubra dicha naturaleza (la Constitución
Simbólica). Porque cuando uno sabe quién es,
cuáles son sus puntos fuertes y débiles y los reconoce
con humildad y valor, entonces todo cambia: La ignorancia
se convierte en Consciencia y el sufrimiento
en Felicidad.
P. Para finalizar: ¿Qué mensaje daría a los
padres de niños disléxicos?
R. Simplemente les diría lo que ya saben e intuyen:
Que sus hijos son verdaderos tesoros de dulzura y sensibilidad,
que no están enfermos (el que está muy enfermo
es el sistema educativo) y, lo más importante,
que sus hijos comparten con, al menos, uno de sus
progenitores la «Constitución Simbólica», lo cual,
sin duda, les ayudará a sanar su propia infancia y a
comprenderse mejor como adultos y padres.


Artículo enviado por Rafael de la Mora. Socio de APTN_COFENAT nº 1623. Las Rozas-Madrid



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