27 junio 2013

EL ARTE TERAPEUTICO

Como punto de partida diré que "El Arte Terapéutico" tiene su origen en el amor, vive y se expresa desde él, sea cual sea el grado o amplitud de su naturaleza que el “artista” haya alcanzado en su seno. La máxima expresión del amor en el Arte, aparece representada en la “Gran Obra” que nada tiene que ver con una obra maestra, ya que la maestría en el arte al que me estoy refiriendo, no depende de modas ni corrientes artísticas de vanguardia, la Gran Obra, obedece a la fiel reproducción del canon en la Naturaleza, en síntesis es la pura y preciosa expresión del amor en cualquier forma. Ya sea física, vital, emocional, mental o espiritual.


El amor es la base de la expresión, en realidad somos solo eso, “amor”, (en potencia en la mayoría de los casos). El reconocimiento, aunque sea inconsciente, de esta frecuencia universal es lo que realmente conmueve y nos permite conectar con la sintonía simpática que emana de cualquier criatura.

El acto de ser “conmovido” o de conmover, dispersa las nubes que ocultan el amor y permiten la conexión en ese ámbito de la conciencia donde todos somos “Uno”. Conmover (impacto en la forma que desarticula la defensa, armada por el miedo) es la llave que abre la puerta del corazón, asiento del Alma en el cuerpo y dispone al ser para conectar con su fuente, allí donde reside el Espíritu: Amor consciente. Para conmover no es necesario herir, ni destruir, ni desestructurar. Conmocionar, o destruir con gozo, en la creencia de que así se facilita la cura del paciente, es sinónimo de venganza. 

Desarticular, desestructurar, desorientar en suma, en aras de la curación es fruto de la impaciencia de aquel que se ha apeado del “canon” original y se ha erigido en “práctico de su propia ciencia”. En este sentido debemos diferenciar la acción de conmover que tiene su asiento en el amor, el  reconocimiento del propio camino del Alma de la persona que nos visita y el servicio a la humanidad; de la conmoción que ejecuta el práctico separado del resto de la creación, desde su supuesto poder individual desde el que se erige en pro de su propia imagen.

La evolución es el producto de la integración de los contenidos que descansan bajo la nueva perspectiva que aglutina y dispone al ser para contemplar una nueva verdad. Hasta ahora la humanidad se ha movido a través de revoluciones, de acciones separadas en función de los individuos que se erigían en salvaguarda de la verdad y destruían lo caduco e inservible en pro de algo mejor, siempre desde su visión aislada y única. 

La alternancia de las verdades separadas en la historia de la humanidad, han hecho que en la actualidad se mantenga la idea de confrontación respaldada por los que representan cada una de las ideas y pugnan a diario para que la suya permanezca y se encumbre como la verdadera, favoreciendo así el estancamiento y por ello deteniendo la evolución, que como he dicho es fruto de la integración de todo lo que hasta ahora se ha desplegado en la historia de la humanidad. Este mismo principio ha de practicarse en El Arte Terapéutico, a través del reconocimiento de todo lo que es la persona que nos visita, del proceso de integración de las partes en conflicto dentro del ser,”el amor entre el Alma y la personalidad” para que desde la Paz, aflore el sentimiento evolutivo que dispondrá al Alma para aceptar nuevos emprendimientos vitales que le reportarán conocimiento y aprendizaje.

El amor mitiga el dolor, apaga el escozor del desprendimiento, (hijo del miedo) y dispone el fuego para que la llama arda en consonancia con el recipiente que la recibe. Liberar el amor que reside en cada ser es el objetivo del “Arte”. Conmover desde el arte, para que el amor prisionero de la forma irradie a la luz del día, es un acto creativo que tiene su fundamento en el reconocimiento del otro como “ser”, en la fusión del núcleo donde dos se reencuentran y uno advierte su naturaleza, por el amor que le llega del otro. Este otro es el “terapeuta” del griego therapeutés (servidor). Y que originariamente hacía referencia a cada uno de los individuos de una secta religiosa, al parecer de origen judaico, que en los primeros siglos de la Iglesia observaba algunas prácticas del cristianismo.

(Primum non nocere) Primero no perjudicar. Este fundamento reconocido mundialmente en el ámbito de la salud, a veces se pierde de vista en la consulta, ya que se justifican las reacciones dolorosas de los pacientes como un síntoma de acierto en la terapia, como supuesta movilización de las “corazas” que impedían al Alma su expresión. No he encontrado en la obra de Bach referencia alguna al dolor en el proceso de sanación de sus pacientes. ¿Será porque Bach sí era un Artista? ¿Será porque la esencia del amor que emanaba envolvía como un bálsamo a sus pacientes y estos no advertían el sufrimiento? Sufrir es la consecuencia de no aceptar lo que es. 

Es el producto del apego a lo caduco, de la resistencia que el miedo (a través de sus doce facetas) ejerce para mantener lo que le identifica como sujeto. El artista a través de la compasión facilita el abandono que reporta serenidad aún en situaciones críticas. El que ama reconoce, el que quiere posee. Sea como fuere la máxima de Edward Bach se centró permanentemente en la inofensividad de la cura. Quizás sea un buen momento para recuperar esta recomendación. Reconocer es amar ya que en este momento de conexión, el que reconoce y el reconocido son uno y ambos en este instante cumbre de la existencia han desaparecido como “sujeto” convirtiéndose en objeto de amor. Te reconozco, porque me reconozco en ti y en esencia somos idénticos. Este es el punto de partida para el “Arte terapéutico”.

Para expresar el Arte, el artista, (en este caso, el terapeuta floral) debe estar revestido de amor, esa corriente universal de vida que dispone a la persona para trascender su limitación individual, conectar con la fuente y advertir desde ella, la belleza original de la vida y de todas sus expresiones. El fin de la “gran obra” es mostrar ante los ojos visibles la belleza de lo invisible, la insinuación permanente del espíritu de vida que imprime su sello en todas y cada una de las criaturas que moran en su reino.

Y actuar de acuerdo al proceso creativo que la Naturaleza ha dispuesto para que se reconozca su principio fundamental: “Dios es amor” aunque todavía no lo veamos, ni lo entendamos, ni lo queramos creer.

Llegado a este punto quiero marcar la diferencia entre Arte y oficio: 
  • Arte: Habilidad, disposición o aptitud para hacer algo.
  • Oficio: Trabajo o profesión; Experiencia, dominio o conocimientos que se tienen de una actividad laboral.
El Arte no es un trabajo, es un gozo, no es una profesión es un acto de servicio, se ejecuta en un ámbito creativo no repetitivo, obedece a la naturaleza primordial cuna de  todo lo que existe. El artista extrae la belleza original del objeto sobre el que ejecuta la “obra” no añade ni quita nada, todo lo que aparece ante los ojos de los demás, incluido él mismo, estuvo siempre ahí en potencia, velado por los sentidos, custodiado por el Alma y libre en el Espíritu.

Por ello la base para la creación artística es la que nos dispone a vivir desde la conciencia del instante, “aquí y ahora” este espacio vital, libre de limitaciones memorísticas, técnicas y protocolos... abren una brecha en el tiempo, congelan la realidad aparente, dispersa la visión aprendida y catapulta a la dimensión de la intuición, espacio creativo que permite el reconocimiento de lo que “es” en lugar de lo que debe ser. Para ello debe de respetarse el ritmo interno de la persona que le visita, manteniendo en todo momento la intención de ayudar y sobre todo acompañar en el proceso de desarrollo que esa Alma ha decidido realizar en su compañía. Desde esta disposición el terapeuta floral se prepara para su actuación sanadora.

Centrado en los fundamentos que dan forma a la Terapia Floral inicia su actividad artística para que la Naturaleza a través de él pueda una vez más realizar la “Gran Obra”. Este proceso se ejecuta en la consulta, espacio dispuesto y atendido para que la comunión entre las Almas pueda realizarse.

Para mi la consulta es un espacio Sagrado. El lugar donde dos seres se abren a la comunicación de sus almas. El “taller” donde se establece la relación conmovedora que permitirá la expresión libre de aquel que ya ha decidido reconocer a su ser. Otro día hablaremos del proceso.

FUENTE.- www.fondoazul.es - Artículo escrito por Luis Jiménez. Responsable del Comité Científico de Terapia Floral de APTN_COFENAT

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