17 junio 2013

LA AVENTURA DE LA GRAFOLOGIA

UNA EXPLORACIÓN ATEMPORAL HACIA TU INTERIOR
La aplicación más relevante de la grafología es la grafoterapia, un sistema de curación que consiste en modificar algunos trazos de la escritura para cambiar estados físicos y emocionales. Para ello, se parte de la base de que la escritura refleja la personalidad del individuo y su estudio deja ver los posibles problemas físicos o psicológicos que puede tener la persona.

“Con tres colores se forma la gama infinita de tonalidades; con siete notas, todas las melodías; con diez números, todas las operaciones; y con doce trazos, todas la escrituras” Vicente Lledó (1932-1993)

La grafología es la técnica que estudia los manuscritos con la finalidad de conocer a las personas que los han realizado. Vicente Lledó fue un gran investigador de las escrituras que, con su peculiar Método para interpretarlas, aportó nuevas vías de exploración y comprensión acerca del funcionamiento del cerebro y el sistema nervioso en general:

La escritura no es sólo un medio de comunicación entre nosotros los humanos, sino un soporte muy  adecuado en el que quedan reflejados los impulsos o «latidos» nerviosos que nuestro cerebro realiza.
Todas las escrituras están formadas por doce tipos de impulsos nervios: los trazos escriturales.
Cada tipo de trazo está relacionado con una función neurofisiológica. Cada trazo es analizado en seis características de ejecución (redondez, rectitud, rapidez, lentitud, fortaleza, suavidad, etc.), y cada una de estas características aporta nuevos datos y una nueva visión en cuanto al modo en que el cerebro realiza cada una de sus funciones nerviosas.
La simplicidad, lógica y precisión analítica son inherentes de este avanzado método de grafología, al que denominó Grafología Racional. Los datos con los que trabaja son los requeridos para elevar este conocimiento a la categoría de «ciencia».

Pero, sin duda alguna, la más fascinante aplicación de todo este Saber, es la grafoterapia, es decir, el diagnóstico y la modificación consciente de aquellos rasgos que están manifestando una conducta errónea —tanto en nuestra psique como en nuestro soma—, con el objetivo de cambiar nuestra situación y circunstancias personales. Los resultados se producen, al mismo tiempo, en la mente y en el cuerpo.

Por ejemplo, una de las doce funciones neurofisiológicas nos habla de los «sistemas preventivos». Necesitamos prevenirnos de todo aquello que nos puede causar daño o no nos causa beneficio; bien sea prevenirnos de un virus, de un ladrón, de un mosquito, o de tener alimento en casa si, cuando lleguemos, queremos comer… Las partes del cuerpo que activemos para realizar esta función puede variar (ojos, sistema inmunológico, etc.) pero la función en sí, es la misma: prevención. Pues bien, cuando hacemos grafoterapia, toda la función en general se mejora (sin intervenir mucho, ni poco, ni a destiempo), actuando al unísono sobre todos y cada uno de los aspectos que requieran de nuestra prevención.

Para que tenga lugar una escritura bien desarrollada, se requiere de la participación simultánea de multitud de áreas y centros neuronales. Esta variada y extensa intervención nerviosa la convierte en una actividad excepcional.

Sin embargo para practicar una escritura adecuada se requiere, previamente, la modificación de determinados factores —externos e internos—, que puedan estar afectando negativamente al resultado escritural. De ello trata la grafomotricidad, de saber cuáles son y de qué manera afectan.

Entre los factores externos que afectan a la escritura se encuentran, fundamentalmente, la elección de la mesa, la silla, el instrumento de escribir o la colocación del papel.

Y entre los aspectos internos, se estudian los procesos puramente neuromotores del escribiente, tanto de posición (corporal en general, y específica en el miembro ejecutor —brazo, mano, dedos—), como de control sobre el tono muscular.

En este sentido, la rigidez que cada vez más frecuentemente se observa en manos y brazos, se ha convertido en la primera lección que hemos de superar para poder desarrollar una escritura fácil y ágil. Frecuentemente, el camino al que nos conduce el aprendizaje y puesta en práctica de esta primera lección —el control de tensión/relajación— es realmente fantástico. A medida que vamos superando ejercicios que implican a funciones nerviosas simples, vamos acercándonos, de forma gradual, a funciones nerviosas cada vez más complejas, hasta alcanzar aquéllas que, en sintonía organizada, participan cuando escribimos.



COLABORACIÓN:

“Quien pretende una felicidad y sabiduría constantes, deberá abrirse a frecuentes cambios” Confucio
 (551 a.C. – 449 a.C.)
La escritura va más allá de ligar letras y palabras con la idea de comunicar algo.

Con una escritura adecuada reforzamos el sistema energético vital, coordinando movimientos de desplazamiento y equilibrando el cuerpo físico y emocional.

Siendo indiferente que sujetes el boli con las manos, con la boca o con los pies, es el cerebro quien organiza, guía y da forma a cada trazo, sea para formar una letra, un número, un signo, un dibujo…

Al escribir vamos dejando impresa la propia «huella digital», reflejando en ella no sólo nuestro sistema de valores y creencias, sino también nuestra profunda personalidad.

Esta relación entre la mente y la escritura se puede convertir en un camino de autorrealización (grafoterapia). Mediante la modificación paciente y constante de los rasgos que conforman la escritura, podemos «trabajar» conductas negativas e inapropiadas, y transformarlas.

Es un trabajo de interiorización consciente, donde uno se enfrenta a su cuerpo, a su mente y a las resistencias que, de forma segura, van a surgir. Pero es un enfrentamiento, no desde donde estamos habituados en las relaciones sociales, basándonos en la imagen que cultivamos ante los demás, sino desde la energía básica que brota del sentimiento íntimo de nuestra propia identidad, a nivel físico y mental.

El cuerpo y su fisiología (el funcionamiento del organismo), así como la forma y la expresión global de nuestro ser, depende de la estructura psicológica que cada uno presenta en su interior.

Si la mente (nuestra psicología) moldea nuestro cuerpo, es posible invertir el camino: moldear la mente a base del trabajo con nuestro cuerpo.

Al igual que podemos ir flexibilizando y transformando nuestro carácter con determinados ejercicios físicos, respiratorios, etc., también podemos, con la escritura, trabajar de forma similar. Son fundamentos bioenergéticos. Podemos manejar con cierta «facilidad» nuestras palabras y pensamientos, pero necesitamos profundizar más en nuestro cuerpo cuando queremos, a través de los movimientos conscientes, modificar nuestras actitudes, expresiones espontáneas e incluso, influir en el funcionamiento celular.

Muchos sistemas tradicionales de sanación se basan en el principio de que, para sanar el cuerpo, la persona debe restablecer el flujo de energía vital. Cuando la energía fluye a través nuestro, sin obstrucciones, estamos en perfecta armonía.

De forma sencilla y continuada, con el flujo de cada trazo, se van liberando las causas de muchas enfermedades, agudas y crónicas. Se puede aliviar e incluso hacer desaparecer cualquier tipo de dolor común. Si se evidencia alguna patología difícil de ser curada por ciencias convencionales, esta nueva ciencia puede ser una coadyuvante de tu autocuración, haciendo de ella un proceso natural y un camino seguro de evolución.

Buscamos el camino más afín a nuestras necesidades y descubrimos que, parte de éstas, sólo pueden ser cubiertas por nosotros mismos.

El viaje más apasionante es hacia lo desconocido.

La vida cambia cuando cambiamos nosotros.


Artículo escrito por Mª Carmen Martínez Darsés socia de APTN_COFENAT

No hay comentarios:

Publicar un comentario