15 julio 2013

TOMAR GRASAS DE CALIDAD INFLUYE EN LA SALUD MENTAL

El buen funcionamiento del cerebro, que está compuesto en un 60% de grasas de alta calidad biológica, también depende de un aporte adecuado de ácidos grasos esenciales con la dieta.

Los ácidos grasos pueden considerarse como las unidades básicas que, unidas entre si, conforman las grasas. Algunos de estos ácidos grasos se denominan esenciales, como los Omega-3 y Omega-6) porque el organismo no puede sintetizarlos por si mismo, y tienen que aportarse a través de la alimentación.


Los ácidos grasos esenciales, además de intervenir el funcionamiento del cerebro, también desempeñan otras funciones en el organismo, como las respuesta inflamatoria. En concreto, son los ácidos linoleico y linolénico, como precursores de las prostaglandinas, los que regulan que las reacciones inflamatorias no sean exageradas ni se prolonguen excesivamente.

Los principales ácidos grasos de la serie Omega-3 son el ácido alfa linolénico (ALA), el ácido estearidónico (SDA), el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA).

La principal fuente alimentaria de ácidos grasos Omega-3 son los aceites de pescados, y en los vegetales, las semillas de lino y las de chía. Normalmente la dieta actual es pobre en estos ácidos grasos.

Los aceites de pescado son una excelente fuente de Omega-3, pero debido a la contaminación del agua marina, se corre el riesgo de que estén contaminados con metales pesados, que se acumulan en los tejidos grasos del pescado. Los pescados pequeños de aguas frías son los menos contaminados, y los aceites de pescado de calidad ya garantizan el control exhaustivo de estos contaminantes.

Los ácidos grasos Omega-6 están presentes en mayor cantidad de alimentos que los Omega-3, como en el pan integral, mueslis, arroz integral, aguacate, aceitunas, frutos secos, aceite de maíz, aceite de girasol, aceite de sésamo, etc.

El Omega-3 DHA ha sido estudiado en los últimos años por su interés como tratamiento natural del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en niños.

Los Omega-3 también mejoran la respuesta emocional al estrés, y se recomiendan en personas cuyo estado de ánimo es muy sensible a los cambios estacionales, ya que tienen un efecto regulador del humor.


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