15 octubre 2013

DOCE TRAZOS, DOCE FUNCIONES NERVIOSAS

La Grafología Racional, descubierta y desarrollada por Vicente Lledó (1932-1993), basa su análisis en el estudio de doce movimientos o trazos básicos (giros a favor y en contra de las agujas del reloj, arriba, abajo, derecha e izquierda) que, combinándose entre sí, forman todos cuantas letras podamos imaginar.


Estos movimientos los desarrollamos también al realizar nuestras actividades cotidianas. Lo que ocurre es que en la escritura quedan plasmados (FIGURA 2) y podemos analizarlos, cambiarlos o mejorarlos que, en definitiva, es de lo que trata la grafoterapia.


Otra forma de representarlos sería la siguiente:


Nuestra intervención sobre el papel es una representación de nuestra dinámica vital, de nuestro estado de ánimo, inquietudes, carácter y, en general, del modo en que nos relacionamos con todo lo que nos rodea y todo lo que somos.

Desde el instante en que apoyamos el bolígrafo sobre el papel, tenemos cuatro opciones fundamentales de movimientos, cuatro zonas del papel a las cuales dirigirnos: hacia arriba, hacia abajo, hacia la izquierda o la derecha.

La tendencia personal a ir hacia una u otra, guarda una relación simbólica y neuronal acerca de nuestra condición y naturaleza instantánea:

Hacer un movimiento ascendente significa que nos dirigimos a todo aquello que queremos alcanzar, que no tenemos; nuestros ideales.
Hacer un movimiento descendente significa que nos dirigimos hacia aquellas otras cuestiones que ya tenemos y forman parte de nuestro mundo.
Hacer un movimiento hacia la izquierda significa la relación con nosotros mismos y con nuestras vivencias pasadas.
Hacer un movimiento hacia la derecha significa la relación que mantenemos con el mundo que nos rodea y nuestras proyecciones de futuro.
Como vemos en la figura anterior, hay tres movimientos que se dirigen hacia cada una de las direcciones:

Los marcados en verde son funciones nerviosas que obedecen a nuestras emociones, es decir, a todo aquello que no se puede razonar ni explicar.
Los marcados en azul son funciones nerviosas que se producen a través de procesos mentales, pensamientos, inteligencia…
Y los marcados en rojo tienen que ver con aquellas funciones que requieren fundamentalmente de nuestro cuerpo. Actividades físicas.
Y así es como damos estructura, orden y sentido al tipo de actividad nerviosa con lo que relacionamos cada uno de los movimientos:


Subir recto. Cada vez que hacemos un gesto ascendente, ya sea en nuestra escritura o en cualquiera de los movimientos de nuestro vivir cotidiano, estamos activando funciones de demanda, de reclamo, petición o solicitud de cualquier objetivo que deseamos obtener, que necesitamos.

Subir con la idea de ir hacia la izquierda. Son funciones relacionadas con la investigación y el estudio del cómo podemos conseguir aquello que anhelamos, deseamos, queremos o necesitamos; dónde, cuándo, etc. Sistemas de evaluación, análisis y prevención para alcanzar nuestras metas.

Subir con la idea de ir hacia la derecha. Son funciones responsables de la ejecución del trabajo físico que requiere la materialización de nuestros sueños. La constancia y tenacidad; la autosuperación ante los inconvenientes que se pongan en el camino. Aplicación de nuestra energía y fuerza de voluntad.

Bajar recto. Cuando realizamos movimientos descendentes significa que estamos interviniendo, dirigiendo, organizando y ejerciendo control sobre aquellas cuestiones que ya hemos conseguido, que ya tenemos o poseemos, bien sean conocimientos, bienes materiales, fuerza, energía, o
seguridad personal, etc…

Bajar con la idea de ir a la derecha. Funciones relacionadas con toda la experiencia adquirida en el tratamiento y desenvolvimiento con todo aquello que está bajo nuestra jurisdicción o tutela. El razonamiento, el control inteligente y la administración de todo lo que hemos ido adquiriendo a lo largo de la vida.


Bajar con la idea de ir a la izquierda. Funciones dedicadas a relacionarnos físicamente con nuestro mundo inferior, con todo lo que ya poseemos. Es la imposición física, la defensa de nuestros criterios y voluntades; nuestra actitud frente a las adversidades, la conquista sobre el plano material, etc…

Ir hacia la izquierda. Son funciones de relación con uno mismo, de autorreconocimiento y autovaloración; de selección de lo que nos gusta y lo que no; de aceptarnos como somos; de perdón, amor y respeto a uno mismo; de sentirnos en paz con todo el pasado que hemos vivido, etc…

Ir hacia la izquierda con la idea de bajar. Funciones de relación con todo el bagaje de contenidos e informaciones que hemos ido elaborando en un pasado, porque necesitamos encontrar soluciones que el mundo exterior nos plantea. Tener juicio propio, creatividad, comprensión de nuestros pensamientos, etc…


Ir hacia la izquierda con la idea de subir. Se relaciona con funciones de adaptación a las situaciones de cambios e imprevistos. Nuestra inmediatez para la variación; los reflejos; la flexibilidad. Hacer uso del conocimiento de nuestras reacciones físicas del pasado para sentirnos bien en el presente, etc…

Ir hacia la derecha. Son funciones de relación con el entorno, de transferencia a nivel emocional; manifestación de nuestra espontaneidad; liberación de todo lo que ya no nos vale y sería perjudicial que se nos quedara dentro; desinhibición, despreocupación, mostrarnos tal cual somos, relacionarnos libremente, etc.

Ir hacia la derecha con la idea de bajar. Funciones de relación con el exterior a nivel inteligente, la comunicación, la necesidad de transmitir aquellos contenidos que hemos conseguido alcanzar, que nos han enriquecido, para compartirlos, hacernos entender, expresarnos, etc…

Ir hacia la derecha con la idea de subir. Es la relación con el mundo a través de nuestro cuerpo, entrega y dedicación física, para que todo funcione lo mejor posible; la ayuda, la servicialidad y el compañerismo; nuestra capacidad de fusión con el entorno, de adaptación a él. Es la manifestación de nuestro amor.

Dependiendo del número de ocasiones en que aparezca cada trazo, indicará nuestra disposición a realizar, en mayor o menor grado, cada una de las funciones a las que se está refiriendo cada uno de ellos.

Después de analizar las situaciones en las que se produce cada trazo, se analizarán las características con las que los hemos hecho (forma, velocidad, tamaño, presión, etc.), pues cada una de ellas nos estará aportando información acerca de cómo vivimos cada una de las funciones:

Qué tipo de criterio mental usamos.
Si las hacemos rápidas o con calma.
Si ponemos mucho o poco entusiasmo.
Si las realizamos con orden o dejándonos guiar por nuestro libre albedrío.
Con fuerza o delicadeza.
O actuando de forma tranquila o inquieta.

Propuesta:

Para irse familiarizando en el estudio de su propia escritura, y dado que los micromovimientos que realizamos al escribir suceden tan rápido que no reparamos en ellos, le planteo lo siguiente:

Sitúese frente a una mesa cuya altura se corresponda con la altura de su propio codo: doble el brazo para comprobarlo mejor, pero con lo lleve hacia adelante, manténgalo pegado al cuerpo; tampoco suba o baje el hombro con la intención de hacer coincidir las alturas. Evite las mesas redondas. Si usa una ovalada, sitúese por su lado más recto.
Prepare cuatro pinturas de color y téngalas a mano.
Imagínese ahora una línea que usa sus sienes y otra que una sus hombros. Manténgalas en paralelo entre sí, y también en paralelo con el canto de la mesa.
Si acaso no se suele colocar usted así, familiarícese con esta posición mientras coloca el papel de la manera que le haga sentirse mejor si tuviera que escribir.
A continuación escriba una palabra a tamaño gigante, que le ocupe todo el folio, desde su margen izquierdo hasta el derecho. Muy importante: Cuando acabe, no mueva el papel. Fíjelo con celofán.
Y por fin, manteniendo su posición corporal y de cabeza, coloree con diferentes pinturas todos los trazos que suben; todos los que bajan; todos los que van hacia su derecha, es decir, aquellos que se alejan del eje central de su cuerpo, si lo ha escrito con la mano derecha —o se acercan a él, si lo ha escrito con la mano izquierda—; y todos los que van hacia su izquierda o hacia dentro, si ha empleado la mano derecha —o hacia fuera, si ha usado la mano izquierda—. Al final debe quedar toda la palabra coloreada por fragmentos. Véanse los ejemplos.
Los ejemplos de las FIGURAS 4-A y 4-B han sido realizados con la mano derecha y con diferente inclinación de papel, mientras que el ejemplo de la FIGURA 4-C ha sido realizado con la mano izquierda. En todos ellos se han usado los mismos colores para señalar las mismas direcciones:

Azul, para ir hacia adentro, hacia el eje central y neuronal del cuerpo.
Naranja para hacer movimientos descendentes.
Rosa para ir hacia fuera, alejándonos del eje central y neuronal del cuerpo.
Verde para los movimientos ascendentes.




Obsérvese cómo influye motrizmente la perspectiva que hemos mantenido frente al papel —nuestra posición de cuerpo y cabeza y la propia inclinación del papel— así como la mano con que se haya escrito: Las direcciones u órdenes neuromotoras que, desde el cerebro se envían a la mano, cambian completamente.


FUENTE.- http://www.escribirbien.es/ Artículo de Mª Carmen Martínez Darsés

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