19 noviembre 2013

ACEROLA PARA POTENCIAR LAS DEFENSAS

Muy rica en vitamina C, ayuda a frenar los procesos infecciosos, alivia el estrés y ayuda a superar estados de agotamiento físico.

Cuando nos despedimos del buen tiempo y damos la bienvenida al frío, muchos sistemas inmunes son puestos a prueba. Los más fuertes resisten sin problema, pero a los más débiles les toca padecer catarros, astenias, gripes... Por eso, no hay mejor época para conocer a la “reina de la vitamina C” y hacerle un hueco en nuestra alimentación diaria. Se trata de la pequeña acerola, también conocida como cereza de las Antillas, cereza de Jamaica o cereza de Barbados, que recuerda precisamente a esta fruta en su formato fresco, aunque su pulpa es bastante más ácida.



Su cultivo en Europa está en alza y se podría consumir fresca, pero lo más normal es que nos llegue ya procesada y convertida en zumo, mermelada, o como parte de mueslis y postres. Su proceso de maduración una vez recolectada la fruta es tan rápido que convierte en muy complicada y costosa su comercialización. En nuestra geografía, solo se consigue de algunos agricultores locales que la conocen como “manzanita silvestre” y la venden para su consumo en crudo.

La importancia de la vitamina C

Para comprender el valor extraordinario que tiene esta fruta, tal vez haya que explicar primero el papel tan importante que juega en el bienestar de nuestro organismo la vitamina C, uno de los antioxidantes naturales más poderosos  y, a la vez, menos tóxicos que existen. Esta vitamina, esencial para la formación de colágeno y para frenar procesos infecciosos, cada vez adquiere más relevancia en los tratamientos de enfermedades cardiovasculares de todo tipo.

Si queremos ver el gran potencial de la acerola, lo mejor es comparar esta fruta con el cítrico estrella del otoño, la naranja. 100 mg de acerola pueden llegar a multiplicar por 30 el contenido de vitamina C de la misma cantidad de una naranja. Lo que quiere decir que tan solo un fruto de acerola ya nos ofrecería más de la cantidad diaria recomendada de vitamina C.

Por supuesto, estos niveles tan altos pueden oscilar sensiblemente en función de la zona donde se haya cultivado, la cantidad de sol que haya recibido el fruto, los métodos de recolección y procesado y el grado de maduración, pues los frutos demasiado maduros son menos ricos en esta vitamina que los más verdes.

La acerola también es muy rica en vitamina A, vitamina B1 y B6, minerales como el hierro, fósforo, potasio y magnesio, y posee una gran concentración de bioflavonoides y carotenoides. Esto, unido a su ya mencionado inmenso contenido de vitamina C, la convierte en uno de los alimentos antioxidantes más efectivos que existen y un aliado como pocos para ser incluido en la alimentación de las personas que sufran cáncer.

Del fruto a la pastilla

Una forma práctica y fácil de introducir la acerola en nuestra dieta es tomarla en pastillas. Varias marcas biológicas las comercializan y son muy prácticas para personas en convalecencia que necesiten un aporte extra de vitaminas o para superar situaciones de astenia, entrenamientos deportivos intensos o en épocas de estrés y sobrecarga de trabajo.

También deberían tener muy en cuenta estas pastillas  los fumadores, pues la concentración de vitamina C en su organismo es bastante más baja que entre los que no fuman. De hecho, estos necesitarían casi doblar su ingesta diaria de vitamina C y con los comprimidos de acerola encontrarían una de las maneras más rápidas y naturales de hacerlo.


FUENTE.- http://www.elcorreodelsol.com Artículo de Laura Kohan

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