27 agosto 2015

TERAPIA ENZIMATICA

La dieta actual no incluye generalmente los suficientes alimentos crudos y le sobran alimentos manipulados. El resultado es un empobrecimiento enzimático que tiene efectos en nuestra salud. 

El uso de enzimas digestivas para el tratamiento de enfermedades es muy antiguo. Los mayas y otros pueblos aplicaban hojas de papaya, que contienen una enzima denominada papaína, en ulceraciones malignas. Pero fue a principios del siglo XX cuando investigadores alemanes descubrieron que ciertas disfunciones del organismo estaban relacionadas con la actividad de las enzimas. El jugo pancreático, rico en enzimas, se empezó a usar entonces para el tratamiento del cáncer. Hoy, la enzimoterapia, nombre que recibe el uso terapéutico de enzimas, se utiliza cada vez mas en tratamientos para mejorar las digestiones, eliminar virus, estimular las defensas, acelerar la curación de las heridas y suprimir los mecanismos inflamatorios.



Existen dos clases diferentes de enzimas; las digestivas, que nos ayudan a descomponer y asimilar los alimentos, y las enzimas metabólicas, que tienen un papel fundamental en el mantenimiento de los procesos vitales. Pero, además, los alimentos crudos nos proporcionan también enzimas que nos ayudan a digerir los alimentos.

Los órganos digestivos como el páncreas y el hígado son los encargados de producir la mayoría de las enzimas digestivas, y el resto deben ser aportadas por alimentos frescos no cocinados, como frutas, verduras crudas, germinados, algas, semillas y nueces, productos lácteos no pasteurizados y suplementos de enzimas. Cuando la dieta es pobre en enzimas, el páncreas tiene que hacer un esfuerzo mayor para producir enzimas digestivas. Si el páncreas está trabajando en exceso, se produce una deficiencia de enzimas metabólicas vitales para el buen desarrollo de todas las funciones celulares.

La terapia enzimática actúa mejorando la función digestiva y asegurando una buena digestión y asimilación de los nutrientes. Las digestiones insuficientes establecen unas condiciones propensas a la enfermedad; por ejemplo, los alimentos no digeridos apropiadamente favorecen una flora intestinal dañina, las proteínas se pudren, los carbohidratos fermentan y las grasas se vuelven rancias. Esto favorece la formación de compuestos tóxicos como las nitrosaminas y el amoniaco, conocidos carcinógenos. Asimismo, las proteínas sin digerir, llamadas péptidos, pueden entrar a la circulación sistémica, donde el sistema inmunitario las reconoce como elementos extraños y las ataca, dando lugar a reacciones alérgicas.



Las enzimas digestivas ingeridas fuera de las comidas actúan contra la enfermedad de forma más directa, atacando, por ejemplo, la cubierta proteica de las células cancerígenas, los tumores o virus; destruyendo los complejos inmunológicos dañinos, disolviendo coágulos sanguíneos o disminuyendo la inflamación. Las enzimas pancreáticas se han utilizado para detectar antígenos en la superficie de las células cancerosas, permitiendo que el sistema inmunitario los identifique y los destruya, y también para estimular la función inmunitaria. Además las enzimas proteolíticas degradan la cubierta de células cancerosas, que están compuestas de proteínas y así consiguen que la quimioterapia sea más efectiva y funcione en dosis menores.

Por otro lado, diversos estudios clínicos han demostrado los efectos positivos de una terapia de enzimas contra el virus herpes zoster y las verrugas. Los virus, como las células cancerígenas, se hallan cubiertos de una capa proteica que puede ser digerida por enzimas proteolíticas. Otro terreno prometedor para la enzimoterapia son las enfermedades autoinmunes. Estas surgen cuando el sistema inmunitario ataca los propios tejidos y órganos, creando complejos inmunológicos que causan lesiones e inflamación. Entre ellas se encuentra la esclerosis multiple, la artritis reumatoide, la diabetes juvenil, el lupus o la colitis. La enzimoterapia actúa en estos casos destruyendo los inmunocomplejos, evitan su formación y disminuyendo la inflamación.

La enzimoterapia también se está utilizando en afecciones vasculares para disolver los coágulos sanguíneos e impedir que la sangre se coagule, para inhibir la formación de depositos en las arterias y para reducir el espesor de la sangre. Está indicada por tanto en casos de flebitis, trombosis, arteriosclerosis e insuficiencia venosa.

¿Para que sirven los suplementos de enzimas?

Tomadas junto a los alimentos, las enzimas mejoran la digestión de las proteínas, carbohidratos y grasas y están indicadas en los siguientes tratamientos:

Obesidad, fibrosis quística: enzimas pancreaticas, lipasa, bilis de buey
Flatulencia, hinchazón abdominal: enzimas pancreáticas, amilasa.
Asma, eccema, alergias, síndrome del colon irritable: pepsina, betaína clorhidrato, enzimas pancreáticas
Tomadas fuera de las comidas están indicadas en:

SIDA: pancreatina, papaina, lipasa, amilasa, bromelina, tripsina y quimiotripsina, junto con bioflavonoides.
Verrugas, herpes zoster: tripsina, quimiotripsina, proteasa.
Cáncer: pancreatina, pepsina, betaína clorhidrato, bromelina, papaína, tripsina, qumiotripsina, lipasa, amilasa
Tumores benignos de mama: enzimas proteolíticas junto con vitamina E.
Esclerois multiple: pancreatina con ácidos grasos esenciales.
Finalmente las enzimas proteolíticas tomadas fuera de las comidas pueden mejorar las afecciones vasculares, tratar heridas, disminuir la inflamación, mejorar la artrosis y los reumatismos.




Alimentos frescos y crudos

Las enzimas se encuentran en los alimentos frescos y crudos y son muy sensibles al calor: se destruyen a temperaturas a partir de 30ºC. Freir los alimentos es, en este sentido, uno de los peores métodos de cocción ya que se emplean temperaturas muy elevadas. Ocurre lo mismo con la pasteurización, el enlatado y los microondas, por las altas temperaturas.

Una dieta a base de alimentos cocinados y procesados obliga al páncreas a segregar mayor cantidad de enzimas digestivas, y por tanto dedica menos energía a producir enzimas metabólicas lo que a la larga lleva a un agotamiento enzimático.

No es sin embargo, necesario seguir una dieta estrictamente crudívora, pero si es importante incluir cada día alimentos no desnaturalizados y ricos en enzimas vivas como frutas y verduras frescas, germinados, algas, semillas, frutos secos y productos lácteos no pasteurizados. Una alimentación integral, biológica, rica en verduras y frutas frescas es a su vez rica en minerales y vitaminas, nutrientes necesarios para que el organismo produzca sus propias enzimas mas eficientemente.



fuente.-http://www.holistika.net/ artículo.- Elena Perea
imagenes.- colombiaalomejor.con / drmarcial.com /ratsercom


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